28 ago. 2009

el hervor



como si escuchar amores como el nuestro nos hiciera entrar en calor y los cuerpos que antes bailaban hacia el suelo ahora izan los ojos chocan miradas unos ojos con otros se multiplican los ojos de colores se encienden y se apagan fotos con los ojos voy tomando de tus labios se acercaron para beber de un beso con el borde de azúcar se desatan las lenguas en un festival de la doma el muchacho que ata al ternero lo ata mucho de todo corazón y un barco por hervor pierde el equilibrio adentro de la pava olas turbulentas anuncian la llegada de santa rosa







16 ago. 2009

diez centauros



¿Cuántos hacen falta para destruir el muro de pensamientos que chocan entre si, cuando vemos una nena que pide, y se desata en nosotros una guerra entre no hacer nada y hacer algo? Hacer algo. ¿Pero qué? Hacer algo como cambiar, en el mundo que vivimos, el lado hacia donde gira la cuchara y revuelve mezclándolo todo adentro nuestro. Crece el remolino pero muro que no vemos nos impide avanzar y como moscas volvemos contra vidrios a chocar. Vamos a morir como moscas. Atrapados en la red. Es que el mundo se parece a una red que tejen invisibles unas manos que desean ver, a una nena que pide, sino no se explica por qué. Pero explicar por qué no hace al hecho de hacer algo por las manos que piden, explicar hace al tacho de no hacer nada. Porque la nada sería siempre intentar explicar. Y como las fuerzas más certeras el odio y el amor la muerte incluso la vida, no tienen explicación. Tienen hambre. El odio tiene hambre, la muerte tiene hambre. Y tejen unas manos invisibles redes para atrapar cuerpos que no a vida y no amor, alimentarán.